Más allá del salario: el costo emocional del trabajo informal en nuestra región

Magaly Blas
enero 24, 2026

¿Alguna vez te has despertado a las 3 de la mañana con esa sensación de nudo en la garganta?

Es esa preocupación que te consume, esa angustia que parece no tener fin: ¿Qué pasará si mañana ya no tengo trabajo?, ¿Cómo pagaré las cuentas si me enfermo?, ¿Qué pasará con mis hijos? Si alguna vez te ha pasado, te aseguro que no estás solo y que esa sensación, aunque parezca solo cansancio, tiene implicancias profundas en tu salud y en la de millones de personas en el Perú y en toda América Latina.

Según las últimas cifras del Instituto Nacional de Estadística e Informática (INEI), en Perú, el 70.7% de las personas trabajan en la economía informal. Esto significa que 7 de cada 10 trabajadores no tienen un contrato fijo, no saben si podrán seguir trabajando mañana y no tienen acceso a protección social, como un seguro de salud o una pensión. Son personas que, a pesar de esforzarse mucho, viven en una incertidumbre constante.

Pero, ¿qué significa esto en nuestra salud mental? El proyecto SALURBAL (Salud Urbana en América Latina), en el que participó la Universidad Peruana Cayetano Heredia, analizó a más de 5,000 trabajadores en 11 países de Latinoamérica, y encontró que trabajar en la informalidad aumenta en un 27% el riesgo de sufrir síntomas de depresión. Es decir que la inseguridad laboral impacta directamente en nuestra estabilidad emocional.

Esto pasa porque nuestro cerebro necesita sentirse seguro para funcionar bien. Cuando trabajamos en condiciones precarias, sin estabilidad, sin que sepamos qué pasará mañana, nuestro cerebro entra en un estado de alerta constante. Es como tener una alarma que nunca se apaga. Esa tensión continua puede desgastarnos, afectar nuestro ánimo, nuestro sueño y, en algunos casos, desembocar en trastornos como la depresión.

Pero hay algo aún más importante que destacar. La misma investigación revela que las mujeres que trabajan en empleos informales enfrentan un 36% más de síntomas depresivos en comparación con las mujeres en trabajos formales. ¿Por qué? Porque muchas de nosotras cargamos con una doble jornada: al trabajo afuera, sumamos las tareas del hogar y el cuidado de los hijos. Esa doble carga, que se ha normalizado en nuestra cultura, puede ser muy agotadora para la mente, y si además no contamos con seguridad laboral o una red de apoyo, la tensión se vuelve aún mayor.

Este no solo es un problema individual; es un desafío estructural. Los gobiernos, las empresas y la sociedad debemos pasar a la acción para lograr cambios reales. Aquí algunas ideas clave que podemos impulsar basadas en la evidencia de esta investigación.

  1. Reducir la informalidad laboral: Formalizar no solo significa pagar impuestos, sino ofrecer estabilidad y tranquilidad emocional a las familias. Un contrato formal nos da derechos y protección, y también nos da calma mental.
  2. Implementar la protección social universal: Independientemente del tipo de trabajo, todas y todos necesitamos acceder a un seguro de salud, una pensión o una red de seguridad que nos acompañe en momentos difíciles. Esto ayuda a reducir la ansiedad y el estrés.
  3. Ampliar los programas de salud mental: La depresión no discrimina. Por ello, necesitamos que los servicios de salud lleguen a los mercados, a las calles y  a las comunidades.  Es vital acercar el apoyo psicológico y emocional a los espacios donde día a día se desenvuelven los trabajadores informales. 
  4. Implementar políticas con enfoque de género: Debemos derribar la barrera principal que impide a las mujeres formalizarse: la carga de cuidados no remunerada. Para lograrlo, es crucial:
    • Crear sistemas de cuidado infantil: Implementar cunas y guarderías accesibles para que la maternidad no sea un obstáculo laboral.
    • Ofrecer incentivos económicos: Brindar beneficios a las empresas que contraten mujeres.
    • Garantizar la paridad salarial: Eliminar la brecha de género; actualmente, por realizar el mismo trabajo, percibimos menos ingresos que los hombres, una realidad que impacta enormemente nuestra estabilidad y salud mental.
  5. Fomentar la organización y la asociatividad Finalmente, es crucial impulsar la unión de los trabajadores informales a través de sindicatos o asociaciones. ¿Por qué esto es efectivo? Porque estar organizados les otorga "voz y voto" para negociar mejores condiciones y salarios. Además, el sentido de pertenencia reduce la vulnerabilidad y la soledad: las redes de apoyo actúan como un amortiguador fundamental contra el estrés y la depresión.

Si sientes que la carga del trabajo y la vida te pesa demasiado, no te juzgues: esa sensación es real y tiene una explicación científica. No es que estés exagerando. Apóyate en tu familia, habla con tu comunidad; compartir el peso ayuda a aliviar la tensión. Tu salud mental y tu tranquilidad deben ser siempre tu prioridad.


Basado en el artículo:  Association between informal employment and depressive symptoms in 11 cities in Latin America de Tran B HuynhVanessa M Oddo  Bricia TrejoKari MooreD Alex QuistbergJannie J KimFrancisco Diez-CansecoAlejandra Vives.     https://pmc.ncbi.nlm.nih.gov/articles/PMC9187523/ 

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