¿Alguna vez te has despertado a las 3 de la mañana con esa sensación de nudo en la garganta?
Es esa preocupación que te consume, esa angustia que parece no tener fin: ¿Qué pasará si mañana ya no tengo trabajo?, ¿Cómo pagaré las cuentas si me enfermo?, ¿Qué pasará con mis hijos? Si alguna vez te ha pasado, te aseguro que no estás solo y que esa sensación, aunque parezca solo cansancio, tiene implicancias profundas en tu salud y en la de millones de personas en el Perú y en toda América Latina.
Según las últimas cifras del Instituto Nacional de Estadística e Informática (INEI), en Perú, el 70.7% de las personas trabajan en la economía informal. Esto significa que 7 de cada 10 trabajadores no tienen un contrato fijo, no saben si podrán seguir trabajando mañana y no tienen acceso a protección social, como un seguro de salud o una pensión. Son personas que, a pesar de esforzarse mucho, viven en una incertidumbre constante.
Pero, ¿qué significa esto en nuestra salud mental? El proyecto SALURBAL (Salud Urbana en América Latina), en el que participó la Universidad Peruana Cayetano Heredia, analizó a más de 5,000 trabajadores en 11 países de Latinoamérica, y encontró que trabajar en la informalidad aumenta en un 27% el riesgo de sufrir síntomas de depresión. Es decir que la inseguridad laboral impacta directamente en nuestra estabilidad emocional.
Esto pasa porque nuestro cerebro necesita sentirse seguro para funcionar bien. Cuando trabajamos en condiciones precarias, sin estabilidad, sin que sepamos qué pasará mañana, nuestro cerebro entra en un estado de alerta constante. Es como tener una alarma que nunca se apaga. Esa tensión continua puede desgastarnos, afectar nuestro ánimo, nuestro sueño y, en algunos casos, desembocar en trastornos como la depresión.
Pero hay algo aún más importante que destacar. La misma investigación revela que las mujeres que trabajan en empleos informales enfrentan un 36% más de síntomas depresivos en comparación con las mujeres en trabajos formales. ¿Por qué? Porque muchas de nosotras cargamos con una doble jornada: al trabajo afuera, sumamos las tareas del hogar y el cuidado de los hijos. Esa doble carga, que se ha normalizado en nuestra cultura, puede ser muy agotadora para la mente, y si además no contamos con seguridad laboral o una red de apoyo, la tensión se vuelve aún mayor.
Este no solo es un problema individual; es un desafío estructural. Los gobiernos, las empresas y la sociedad debemos pasar a la acción para lograr cambios reales. Aquí algunas ideas clave que podemos impulsar basadas en la evidencia de esta investigación.
Si sientes que la carga del trabajo y la vida te pesa demasiado, no te juzgues: esa sensación es real y tiene una explicación científica. No es que estés exagerando. Apóyate en tu familia, habla con tu comunidad; compartir el peso ayuda a aliviar la tensión. Tu salud mental y tu tranquilidad deben ser siempre tu prioridad.
Basado en el artículo: Association between informal employment and depressive symptoms in 11 cities in Latin America de Tran B Huynh, Vanessa M Oddo Bricia Trejo, Kari Moore, D Alex Quistberg, Jannie J Kim, Francisco Diez-Canseco, Alejandra Vives. https://pmc.ncbi.nlm.nih.gov/articles/PMC9187523/
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